qué es un mojón en tema de vinos

Debo admitir que soy de las que hace unos años ni se proponía realizar el Sendero de Santiago. Toda vez que oía charlar sobre el tema me afirmaba: “¿enserio, irse de vacaciones a la montaña para caminar veintitantos km cada día?”. Ya que bien, lo admito, me retracto, ¡me he caído! He paseo 117,3 km caminando –partiendo de Sarria– para ingresar por la puerta grande, ahora ritmo de gaitas, en la plaza del Obradoiro. ¿Y qué mucho más? ¡Que aun pienso reiterar experiencia!

Eso sí, estoy segura de que no va a haber nada como la primera oportunidad, el sendero de los descubrimientos. Lo primordial es que te percatas de que puedes, que todos tenemos la posibilidad de. Cada uno de ellos a su ritmo, con sus tiempos, pero al final llegas a Santiago. Adjuntado con esta enorme verdad, pese a haberme empapado de información mediante weblogs, foros de discusión y comunidades sobre este viaje, debo decir que he descubierto hasta 25 cosas sobre el Sendero de Santiago que absolutamente nadie me ha dicho antes de partir…

Genuino importancia vinícola

De forma que, durante toda la obra se nos enseña el “Vi”, como un complemento indispensable de cualquier comida. De esta manera en el Capítulo I, 2, prácticamente al comienzo de la obra, Don Quijote recibe su bautismo de vino: “… Y puesto uno hacia la boca, del otro le iba realizando el vino…”. Tampoco va a tardar Sancho en elegir el vino al agua: (“… Suplicó a Mari Tornes que se le encontrase vino…”, I, 17). No obstante, peor instante es lo que sucede Sancho en ese otro pasaje: (“… Mas les sucedió otra desgracia, que Sancho la tuvo por la peor de todas y cada una, y fue que no tenían vino para tomar…” , I, 19). Menos mal que, en el final, el hecho de llevarle el vino solventa varios inconvenientes: (“… Lo limpiaron, lo sacaron el vino…, II, 53). Si bien no en todos los casos sucede del mismo modo: (“… Estando la séptima noche…. de su gobierno en su cama…, no cansado de pan ni de vino…, II, 53).

Es un hecho que, normalmente en los viajes, la multitud de la temporada acostumbraba a ir bien lista de la bebida arrebatadora (“… Fueron seis botas de vino, que cada uno de ellos sacó la suya de su alforja …hasta el buen Ricote…sacó la suya… que en excelencia podía desafiar a las cinco…”, II, 53). Si bien, lamentablemente, prácticamente todo tiene su fin: (“…4 ocasiones brindaron sitio las botas… pero la quinta no fue viable, por el hecho de que ahora estaban mucho más secas y secas que un esparto… Finalmente, terminarle el vino… , II, 53) .

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