por que vinimos a este mundo a pagar algo

De izq. a der.: Mijl Hacohen Sinay, Yoshimatsu Higashi (bisabuelo de Malena Higashi), la bisabuela de C. García Casado y José Ferreira (inmigrante de Cabo Verde). Intervención de esta imagen y las próximas: Denise Belluzzo

Poseemos una madre y un padre. Poseemos 4 abuelos, ocho bisabuelos, 16 tatarabuelos. Disponemos ancestros ​​cuyos nombres difícilmente llegamos a entender, si bien algo de sus semblantes more en los nuestros: 32 trastarabavios, 64 pentavis, 128 hexavis, 256 heptabos. Disponemos, muy atrás, una multitud que de una forma enigmática fluye por nuestras venas: 512 octavolos, 1.024 eneabios y 2.048 de pelo. En once generaciones, durante unos 300 años, 4.094 personas han cooperado, cada una con la aportación de 23 cromosomas y un planeta sensible, a fin de que el día de hoy estemos aquí.

¿Qué es la misión y visión personal?

El término de misión, como ahora he escrito, es la capacitad, el don, los talentos, que se le dan a un individuo para efectuar cierto deber o encargo.

La visión personal radica en tener claros cuáles son tus objetivos, tus pasos, para hallar tu misión. No es exactamente lo mismo escoger un trabajo u otro, tener una familia puede ser o no positivo para encaminarte hacia tu misión.

La Ocasión Para Satisfacción

Isaías 55:2b. Este versículo nos enseña una declaración excepcional: “…y se recreará su alma con espesor”. Es una figura tomada de los sacrificios donde el espesor una vez quemado llegaba a ser el deleite divino. Pero note en este momento que el deleite no es para el cuerpo, sino más bien para el alma.

Hay una diferencia en recrear el cuerpo con “grosura” y recrear el alma. La palabra «espesor» significa «abundancia». En el momento en que Dios salva un alma, le llena de “espesor”. ¡Atrayente, cierto! Esto nos transporta a la conclusión de que Cristo vino para ofrecernos vida y vida con “espesor” (emulando sus expresiones). Con énfasis ha dicho: «Yo he venido a fin de que tengan vida, y a fin de que la tengan abudantemente» (Jn. diez:diez).

«Mi percepción conforme envejezco es que no hay años pésimos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un esparcimiento, pero pésimos no son. Creo firmemente que la manera en que debería evaluarse un año tendría mucho más que ver con cuánto fuimos capaces de querer, de perdonar, de risa, de estudiar novedades, de haber desafiado a nuestros egos y apegos . De ahí que, no deberíamos tener temor al padecimiento ni al fracaso tan inquietante, por el hecho de que los dos son solo instancias de estudio.

Nos cuesta bastante comprender que la vida y de qué manera vivirla es dependiente de nosotros, de qué manera enganchamos con las cosas que no tenemos ganas, es dependiente solo del cultivo de la intención. Si no me agrada la vida que tengo, deberé desarrollar las tácticas para mudarla, pero es a mi intención poder llevarlo a cabo. Ser feliz es una resolución, no nos olvidemos de eso. Entonces, con estos criterios me preguntaba qué debía realizar yo para lograr crear un óptimo año pues todos nos encontramos en el sendero de estudiar todos y cada uno de los días a ser mejores y de comprender que a esta vida vinimos a tres cosas: 1) a estudiar a querer, 2) a dejar huella y 3) a ser contentos. —

  • Estudiar a deducir la compromiso como una instancia de desarrollo. El trabajo sea retribuido o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud psicológica. En este momento el concepto del cansancio es visto como algo negativo de lo que debemos liberarnos y no como el privilegio de estar cansados ​​por el hecho de que eso quiere decir que nos encontramos entregando lo destacado de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos… —
  • Apreciar la independencia como una manera de vencerme a mí y comprender que ser libre no es llevar a cabo lo que yo deseo. Quizá deberíamos ejercer nuestra independencia realizando lo que debemos exitación y decir que nos encontramos alegremente agotados y de este modo poder querer mucho más y mejor. —
  • El tercer y último punto a cultivar es el avance de la fuerza de intención, ese fantástico talento de poder aguardar, de postergar gratificaciones repentinas tras cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los elevadores, saludar a los guardas, los chóferes de los micros, sonreír cuando menos una o múltiples ocasiones cada día. Querernos. Hacer calidez en nuestras viviendas, hogares, y de ahí que debe existir fragancia a comida, almohadas aplastadas e inclusive manchadas, cierto caos que acusa de que hay vida. Nuestras viviendas independientes de los elementos se están volviendo bastante perfectas que semeja que absolutamente nadie puede vivir adentro.

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