por que vinieron a la peninsula los almorávides

La exposición Jardines. Patrimonio y sueño quedó estrenada el día de hoy 2 de diciembre al cargo del Viceconsejero de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Víctor Manuel González García y de la Directiva Gerente de la Fundación El legado andalusí, María de la Concepción de Santa Ana Fernández.

La exhibe fué desarrollada y creada por la Fundación Pública Andaluza El legado andalusí en el marco del Emprendimiento iHeritage, Interfaz Mediterránea TIC para el Patrimonio Cultural de la UNESCO, que está cofinanciado por la Unión Europea a través del Programa ENI CBC MED.

Las llamadas de los reinos de taifas

Tras perder la pérdida del en otro tiempo capital visigoda, a los reinos andalusíes solo les quedó soliciar auxilio a los almorávides, el enorme imperio del Magreb. Un año después el emir almorávide Yusuf ibn Tasufin cruzaba el ajustado con su ejército, acogido por las taifas de Sevilla y Badajoz. Se proclamó la Guerra Santa contra los cristianos y varios asistieron a la llamada. En 1086 lograron una contundente victoria en Sagrajas (o Zallaqa).

“Alfonso VI vino contra nosotros con sus escuadrones que llenaban el horizonte, pero Dios altísimo nos dio asistencia y los cristianos fueron derrotados.”

La llegada a la Península Ibérica.

Yusuf recibe la llamada de auxilio tras la conquista de Toledo, la misiva corrió al cargo de tres reyes andalusíes, al-Mutamid de Sevilla, al-Mutawakil de Badajoz y Abd Allah de Granada. La solicitud traía consigo una suerte de pacto; la asistencia almorávide debía ser útil para recobrar a Toledo, pero jamás debía terminar con la independencia de las taifas andaluzas. Próximamente se descubrirá el error grave que cometieron los reyes de Al-Ándalus.

<p id="caption-attachment-4769" Taifa de Sevilla, entre las mucho más esenciales del siglo XI

. retornaron a África. Aquella victoria restituyó las fronteras a sus límites precedentes y entregó por un tiempo a los reyes taifas del pago de parias, pero no logró unirlos.

Un año después, los inconvenientes se agravaban. El primordial foco de enfrentamientos había sido localizado entonces en la fortaleza de Aledo (Murcia), donde se encumbraron todos y cada uno de los mozárabes de aquella cora y otros cristianos de regiones vecinas, aterrorizando su ambiente en muchas leguas a la redonda.

«Esos contrincantes corrían la tierra, talaban los campos, birlaban los ganados, quemaban las cosechas y los pueblos, cautivando y matando a sus infelices pobladores. Las algares que desde allí se hacían eran mucho más horribles que las tronadoras tormentas, y por toda la tierra de Murcia llevaban los estragos, la desolación, la sangre y el fuego que todo lo destrozaban.

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