Montefalco | Diez años de Sagrantino

Montefalco Diez anos de Sagrantino

Diez bodegas y diez vinos con diez años de diferencia. En el punto de mira la añada 2001, una de las buenas. ¿Y sabes qué? Más allá de todas las posibles consideraciones sobre las catas, lo que sorprende (positivamente y cómo) es la disposición de muchas empresas a unirse, confrontarse y abrirse. No sucede en todas partes que las bodegas más representativas e importantes de toda una denominación decidan hacer un frente común y poner su vino en la copa, a ciegas. Esto es en cambio lo que pasó en Montefalco, con la idea y el deseo de hacer de esta cata una cita fija, a repetir cada año. Un momento promovido por Giampaolo Tabarrini para hacer balance de una tipología, el sagrantino, que si ha tenido un gran éxito comercial en la última década, hoy lucha por encontrar un lugar preciso en la carta y en la bodega.

Entonces 2001. Hace diez años las realidades no eran, al menos numéricamente, las de hoy pero ya entonces existía la conciencia de tener un gran vino entre las manos. El territorio estaba muy convulso, eran muchos los que estaban dando sus primeros pasos, muchos con el paso de las cosechas habrían definido y mejorado cada vez más la calidad media de su producción. Una añada importante por tanto, el inicio de un camino que con el tiempo conduciría a una mayor homogeneización de la tipología, antes firmemente en manos de dos o tres bodegas, las más históricas.

Persiguiendo demonios 2001 – Color vivo, la nariz expresa una gran tipicidad y una hermosa riqueza en una continua sucesión de notas afrutadas y especiadas. Una fuerza expresiva que parece fallar en boca a pesar de una buena frescura. Final más oscuro, vagamente amargo. 85

Adanti “Arquata” 2001 – El terciario que avanza expresa notas nobles de cuero, tabaco, esmalte, particularmente frutos secos. En boca impresiona por su textura tánica, casi excesiva, que cubre un paladar de gran sustancia. Final bastante largo, sobre la astringencia. 86

Felipe 2001 – En nariz es un gusto que hace un guiño al placer jugando con notas dulces y tranquilizadoras. En boca es coherente, armonioso, equilibrado. De una elegancia rústica. 90

Antonelli 2001 – Austero, típico, completo. La nariz envuelve gracias a notas de fruta en alcohol, especias oscuras, matices que nunca se gritan. En boca tiene todo lo que se puede esperar de un gran sagrantino. Es expresivo, nunca cansa, el tanino acompaña todo el paladar sin salir nunca de la pista. Gran elegancia y un acabado particularmente vibrante. 93

Moretti 2001 – Muy evolucionado, incluso en cuanto a color, y notas que remiten a cierta animalidad. Y luego especias, frutas en alcohol, mermeladas. En boca hay sustancia, envuelve el paladar sin agredirlo. Buen tanino, final sobre la fruta. 87

Perticaia 2001 – Muy fino, las notas son medicinales, recuerdan a la vainilla, volviendo a la fruta. En boca es compuesto, equilibrado y agradable. Es matérico y termina con cierta austeridad sobre la mora. 89

Milcíades Antano 2001 – Evolución animal, gran sustancia y fruto. En boca es bastante elegante y revela gran cuerpo. Final fresco y definido. 87

Colpetrona 2001 – Hay mucha fruta combinada en muchas formas, desde mermelada hasta licor, y una nota suave de roble. En boca es largo, jugoso, nunca agresivo. El componente tánico aparece en el final, aunque agradable y flanqueado por la dulzura que remiten a la nariz. 90

Tabarrini «Colle Grimaldesco» 2001 – Notas que recuerdan cierto marchitamiento de la fruta, en boca tiene jugo y personalidad. No tan fresco, con taninos suaves y un final muy agradable. 88

Arnaldo Caprai «25 años» 2001 – Perfectamente intacto en color, combina extraordinariamente amabilidad y austeridad. En boca es prácticamente perfecto, muy compuesto y de gran expresividad. Elegante, envolvente, es una continua referencia a las notas más típicas del Sagrantino acompañadas de una extraordinaria potabilidad. Final desgarrador por su longitud. 95

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Hoy, catando vinos de diez años, la impresión es que el tiempo los ha «desnudado» y ha sacado a relucir claramente las características únicas de cada bodega. Vinos que sólo en contados casos jugaron sus cartas con la intensidad típica de los sagrantinos más jóvenes y que en el mejor de los casos han evolucionado expresando una gran elegancia. Entonces claro, quizás en algunos casos la madera estaba particularmente marcada, con la consecuencia de -hoy- degustaciones particularmente secas. Pero incluso entonces el camino era el correcto y hoy estas mismas bodegas ofrecen muy espesa Sagrantino di Montefalco, que en diez años –o cuando sera– nos dará emociones aún mayores.




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