Errores que no se deben cometer al hablar de un vino y luego de él, Ottomarzo 2012 Dettori

Gianluca Rossetti debería ser un tipo que viva en Cerdeña y que ocasionalmente se ocupe de algún negocio. Tan pronto como sepamos más, lo reclutaremos de por vida haciéndolo firmar un contrato de una sola vez. Mientras tanto, abajo está su primer intento.

Al tener que elegir un vino del que hablar, salvo excepciones, se nos ofrece un recorrido por etapas de dificultad creciente, normalmente estructurado de la siguiente manera:

1. identificar la empresa; 2. identificar el tipo de producto; 3. elegir el vino dentro del subconjunto corporativo al que pertenece; 4. tratar de averiguarlo; 5. trata de describirlo; 6. evita las tonterías*.

Ahora bien, si los primeros cinco puntos pertenecen al ámbito técnico-cognitivo ya la sensibilidad de cada uno, expresada de diversas formas pero por supuesto presente aunque en huellas, el punto n.6 tiene algo de imponderable. A los justos también les pasa, por mucho que lo intenten y a pesar de haberlo hecho bien hasta ese momento, colarse en el área de Cesarini destrozándose las pudenda en ese imperativo kantiano: «#6 evita las tonterías”. Sin peros ni peros: resbalón, tumble, tumble y tope final.

El resultado nefasto para ellos puede provenir de:

A. Contenidos inexactos (algo que los expertos/derechos generalmente no suceden pero que sí puede ocurrir cuando por cansancio, compromisos o impedimentos varios, se delega parte del trabajo a otros)

b. Un descarado alarde de desparpajo, acentuado por velados tonos cuaresmales, que hace odioso hasta al más dotado de los catadores y pesadísima la lectura de lo que escribe.

C. Contenedor que a pesar del contenido, aunque presente, es inadmisible por cierta -cómo decirlo- coja propensión juvenil a hablar con la jerga del gueto incluso al describir el Angelus de Millet.

d. Posturas exageradamente a favor o en contra de una idea, de un movimiento, de un estilo, que en ocasiones tienden a escleróticar a la gente, atrayendo más disidencia que apreciación. Sobre todo si, ignorando los humores de la plaza, se ha arruinado sensacionalmente el lado de la barricada donde tomar partido.

Por eso es importante reducir la incertidumbre: trabajar por sustracción minimiza el riesgo. Un primer recurso es elegir un vino de las propias partes para poder ostentar, como pretensión del ius solo, el aura del experto. Otro truco es identificar un vino bastante raro, producido como máximo en 70, 80 litros por lustre y comercializado a no más de media milla del viñedo. Es difícil para ellos disputarte.

Finalmente, el truco de los trucos, infalible pero no exento de contraindicaciones: seguir el esquema desde el punto 1 hasta el punto 5 y luego no mencionarlo a nadie. Evidentemente, como todo aparato regulador que se precie, también hay una cláusula de salvaguardia en este caso: hablar de un vino que amamos como locos. Empezar diciendo: «Disculpen el entusiasmo pero este vino me enamoró de verdad», hará benévolo hasta al redactor jefe más gilipollas; hasta el más frío y desprendido de los expertos, con el alma enterrada ahora bajo un metro de duelas de tercer uso, se estremecerá entre los ácaros al recordar cuando, siglos antes, él también se estremeció al ver el color de un Nebbiolo de Carema o al oler un pinot noir de Borgoña, aunque sea de Santenay (por cierto: ambos son muy buenos y se pueden comprar a precios a veces irreales).

Por todo lo escrito hasta aquí y en pleno cumplimiento de la lógica consequentio que evidentemente se desprende de las primeras líneas de esta carta mía, les digo que el vino a beber hoy, el que bebería mañana, el que sugiero beber a mitad de semana es único a su manera: 100% uva Pascale, sólo cemento y vidrio, manejo biodinámico, un manifiesto de no intervencionismo en el viñedo y en la bodega, un reclamo rígido y orgulloso de una forma de hacer vino, defendido hasta los límites de la antipatía. Esto es Ottomarzo de Alessandro Dettori. Este es Dettori. Un vino que se sitúa por precio (como si significara algo) a medio camino entre el nivel de entrada Renosu (Blanco y Rojo) y tope de gama a base de cañón.

Junto con el Dettori Bianco, lo amo con locura. Porque lo persiguen, pero a veces se detiene y te espera. Se pone de mal humor, pero solo para demolerte con una sonrisa cuando menos te lo esperas. Las piezas todavía están alrededor. Sin embargo, no me lastimo un músculo.

Rumania IGT Ottomarzo 2012 Tenuta Dettori

*real o presunta (Nda).

Gianluca Rossetti




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