8 vinos para contar el Chianti Classico. Y el número uno de los hablantes de italiano, evidentemente

Un seminario sobre Chianti Classico podría ser bastante simple en teoría: tome los «Over the Tops», los más famosos, tal vez pescando con ambas manos entre los supertoscanos, y habrá hecho una buena cata demostrativa, como diciendo: aquí , señores, estos son nuestros sementales.

En cambio, es mucho más complicado crear un camino con un hilo conductor lógico en un territorio que, desde lo disciplinario, no puede encontrar un denominador común de claridad. Porque, después de todo, el único elemento unificador de Chianti Classico siempre debe ser Sangiovese, con la adición de viñedos nativos como máximo complementarios. Deténgase.
El Chianti, en general, es un territorio demasiado diverso para encauzarlo en una representación unívoca, en una definición buena para todas las estaciones; para quienes intentan hacerlo, esta heterogeneidad es una debilidad cuando en realidad es su fortaleza.

A la pregunta “¿Qué es un Chianti Classico?” es casi imposible responder: mil facetas de un territorio hermoso, salvaje, capaz de fuerza y ​​elegancia, de marcadas sensaciones y de contornos ralos y aireados. Esto lo logró recrear Armando Castaño a Sangiovese de pura sangreen esas dos horas más o menos en las que nos guió por las curvas cerradas entre Florencia y Siena, describiendo los paisajes y sus características, creando un recorrido lógico de los vinos elegidos, primero teórico y luego práctico, para hablarnos de este seminario en el camino. Un paso que va más allá de degustar una determinada cantidad por kilo, el clásico royal rumble de todos contra todos y a ver quién pega más fuerte. No ha habido nadie que haya ganado a nadie, no ha habido ganadores más que los productores tan bien representados por sus vinos. Solo faltaba el escenario de Castelnuovo Berardenga, una pena, pero aun así fue un placer dejarse llevar por las palabras y la copa.

Sintonizo mi radio a laañada 2008, una cosecha clásica que en muchos casos se subestima pero que a menudo me dio excelentes impresiones de frescura, un poco rara en su primera tendencia muy caliente y luego refrescada cerca de la cosecha. La música es la correcta, vamos.

San Casciano in Val di Pesa (FI) – Chianti Classico 2008 Cigliano
Florencia no queda lejos, un poco más al norte unos veinte kilómetros y hemos llegado. Este es nuestro punto de partida para ir al sur y ¿qué podemos esperar de un vino producido aquí? Bueno, consideremos el territorio: la latitud es la más septentrional, como se mencionó, pero el paisaje no es el duro, casi montañoso, de la provincia de Siena. La empresa tiene sus viñedos a 275 m sobre el nivel del mar en suelos mixtos de Arenaria, Galestro, Alberese. ¿El vino? Aireado, inmediato, expresivo, soleado, con la fruta ácida de los frutos rojos y la complejidad de las hierbas aromáticas, el mentol y el vinagre balsámico, los polvos faciales y las sensaciones ferrosas y metálicas. El sorbo es fiel a lo que se cuenta a la nariz, expresando su jugosa energía con claridad y fingida sencillez, con la acidez que se apodera y da impulso al sorbo. Un vino para beber y beber, un buen comienzo.

Lamole – Greve in Chianti (FI): Viñedo Chianti Classico Castello di Lamole 2008 Fattoria di Lamole
El paisaje cambia, más agreste y salvaje. Llegamos a Greve in Chianti y giramos hacia Lamole, una pequeña fracción del municipio. El camino se convierte en una subida impermeable, la vegetación rodea los viñedos de Sangiovese di Lamole (o Polveroso) situados a 600 – 700 metros sobre el nivel del mar, arrancados del bosque y dispuestos en terrazas. No hay nada más que esperar que un Chianti de extrema delicadeza, fresco y dinámico desde los aromas de cola, fresa silvestre, floralidad de rosa y violeta, toques de bayas entre mora y frambuesa. Boca suave, con taninos minuciosos, con retornos retronasales de gran floralidad. Un vino de detalles, de extremidades largas, rítmico, para buscar sorbo a sorbo.

Panzano – Greve in Chianti (FI): Chianti Classico Riserva Sa’etta 2008 Montebernardi
Continuamos el recorrido por Greve in Chianti, bajamos a Panzano. La famosa Conca d’Oro nos espera y nos acoge en su cálido abrazo, porque aquí Sangiovese no es cosa de los que buscan un trago ligero y despreocupado. La copa lo deja claro de inmediato, partiendo del color más intenso, con su gama de tonos maduros y potentes de mora, ciruela, flores recién secas, naranja sanguina y sensaciones sangrientas y terrosas. Plena confirmación en boca, literalmente invadida por la sal que distingue el sorbo, rico y potente, muy largo y con taninos más marcados. Como debe ser siempre un vino nacido en una zona soleada sobre Pietraforte (arenisca típica de la zona). Abismal diferencia con el vino anterior, a pesar de que los viñedos están muy cerca en línea recta. Es el terroir baby, y es un factor que fascina como pocos.

Greve in Chianti (FI): Chianti Chianti Classico Riserva 2008 Villa Calcinaia
Le dimos la vuelta y finalmente llegamos a Greve. El vino que más discusión causó en la batería, probablemente el más introvertido y menos expresivo, el más reacio a entregarse aromáticamente. Parte reducida, con la madera inicialmente evidente, luego la nariz es uniforme a cereal y con una fruta aún más madura y oscura que el vino anterior. Luego ráfagas salobres y especiadas apenas dejan entrever un vino de paso largo, todavía enjaezado incluso en boca donde se desprende más el tanino decisivo y la sensación calórica, solo que por momentos, volviendo con calma después se adivina cuál será. Actualmente, queriendo hacer un ranking de mi gusto personal, el menos enfocado y el menos disponible pero también es el vino que más me intriga en evolución. No lo despiertes ahora.

Radda in Chianti (SI): Montevertino 2008 Montevertino
Vamos más al sur, abandonamos el club y volvemos al florete porque las alturas vuelven a ser altas. Radda es el municipio donde, en mi opinión, la coherencia estilística se está consolidando cada vez más entre los productores (casos aislados aparte). El abanderado no es un Chianti Classico sino un IGT. ¿Porque? Porque es Sangiovese, Colorino y Canaiolo, porque es respetuoso y fiel al terroir de origen, porque es el espejo de esos espléndidos viñedos a más de 400m sobre el nivel del mar. Por tanto, no es la denominación lo que hace territorial a un vino sino que es la interpretación auténtica de lo que el territorio es capaz de hacer, y los mejores intérpretes sólo pueden ser las viñas mejor aclimatadas en esta zona. Todo cobra sentido en la copa, cítrica y soleada por los aromas que emanan de ella, con toques de grosella roja, rosa, violeta, sensaciones saladas y terrosas. La boca se inunda, tensa como una cuerda de violín, la acidez más integrada que el lanzamiento al mercado pero aún podría usarse el término furiosa. Ten paciencia gente, ten paciencia.

Gaiole in Chianti (SI): Chianti Classico Riserva 2008 Badia a Coltibuono
Precisamente los viñedos se encuentran en Monti in Chianti, en la zona que se cruza y se funde con el territorio de Castelnuovo Berardenga. Los viñedos se encuentran a 350 m sobre el nivel del mar con orientación Sur/Suroeste, el vino es envejecido en barricas de origen mixto, francés – austriaco. La empresa es una de las históricas, con una sólida tradición a sus espaldas y siempre ha creído en un modelo de Chianti Classico que responde a un perfil de extrema sobriedad y fidelidad territorial. Así que dejemos sitio al vino más «femenino» de todos, el más sinuoso, cautivador. Naranja sanguina, relajado, muy floral, es un placer ser golpeado por una nariz tan tranquilizadora, tan receptiva a Sangiovese y su terroir. El sorbo es afrutado y sabroso, en un espléndido equilibrio entre tanino, acidez y estructura. Hermosa hoy y será hermosa para seguir en el tiempo. Hipnótico.

Castellina in Chianti (SI): Chianti Classico Riserva 2008 Villa Pomona
Damos vueltas en U y subimos hacia el noroeste, en el espléndido territorio de Castellina in Chianti. Agradable cruzar este vino con el anterior: altitud similar, exposición sur pero marcadas diferencias. Es la tierra la que gana, el territorio que marca las diferencias entre las dos reservas. Todo se encuentra en un perfil aromático que parte de bases similares pero dibuja matices más duros: la naranja no está en la pulpa sino en la piel, el componente floral-vegetal se orienta hacia las hierbas aromáticas y amargas, la flor roja y no más violácea. Siempre sobre un fondo sangre terroso que mantiene el vínculo con la variedad de uva y con la interpretación extremadamente respetuosa del varietal. En boca confirma una mayor dureza, con taninos sobre los escudos y una sensación balsámica verdaderamente cautivadora. Sabor y acidez no faltan, y es un hermoso intercambio, una encrucijada de sensaciones formativas e instructivas.

Barberino Val D’Elsa (FI): Chianti Classico Riserva Cinquantennale 2008 Castello di Monsanto
Terminar nuestro viaje, regresando al provincia florentina. El paisaje vuelve a suavizarse, haciendo que los viñedos descansen a unos 300 m sobre el nivel del mar y vuelven a cambiar las características del suelo, donde predominan las margas, los vinos cambian notablemente. La empresa no necesita mucha presentación, la familia Bianchi es un baluarte de la denominación y sus Riservas son botellas mitológicas. Este no es menos elegante y comedido, con una nariz de vergonzoso frescor entre piel de sandía, polvos faciales, violeta, grosella negra, una intrigante sensación yodada y una curiosa nota de mostaza. El sorbo agudo, progresivo, larguísimo, con el avance de la muestra que ya se hace y se hará. Tanino perfecto, pero desprendido de una textura jugosa y salina. Desgraciadamente acaba pronto en la copa, su recorrido en botella no acabará tan pronto.

Apago la radio y tengo ganas de emprender un nuevo viaje. Así es la diversión, también lo es el vino.

[Foto: 20 in Chianti]




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